Recibe a Jesucristo como Señor y Salvador
Plan de Salvación (El Evangelio)
Dios es Nuestro Creador. Él nos creó a su imagen y semejanza:
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» Génesis 1:27
El pecado nos separó de Dios. El pecado entró en el mundo a través de Adán y Eva:
«Porque así como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron hechos pecadores, así también por la obediencia de uno solo muchos serán hechos justos.» - Romanos 5:19
Todos nacemos en pecado, separados de Dios y necesitados de un Salvador:
«Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.» - Romanos 3:23
Dios es santo. Él es el Dios vivo y ama a los pecadores, pero aborrece el pecado, porque el pecado lleva a la muerte:
«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» - Romanos 6:23
El amor de Dios y el camino de regreso a Él. Dios nos ama tanto que hizo un camino para que nos reconciliemos con Él. No quiere que estemos separados de Él, por eso proveyó un solo camino: Jesucristo, su único Hijo, quien murió en la cruz para pagar la pena por nuestros pecados:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» - Juan 3:16
Jesús es el único camino a Dios. Jesús es el único puente que puede llevarnos de regreso a Dios.
Recibirlo como nuestro Señor y Salvador significa aceptar el plan de Dios para nuestras vidas. Significa reconocer que somos pecadores y que necesitamos a Jesús para que nos salve y restaure nuestra relación con nuestro Creador.
«Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.» - Romanos 10:9-10
Acepta a Jesús como tu Señor y Salvador. Cree en tu corazón que Jesús es el Hijo de Dios y confiésalo con tu boca. Permite que Él sea el Señor de tu vida.
Confiesa esta oración:
«Padre Dios, vengo a ti. Necesito a Jesús. Gracias por amarme. Gracias por enviar a Jesús a morir en la cruz por mí. Jesús, gracias por pagar el precio de mis pecados. Te acepto como mi Señor y Salvador. Te entrego mi vida, mi mente y mi corazón. Gracias, Padre. En el nombre de Jesús, Amén.»
